Los espejos son para huir de los gatos blancos,
nublar la mano,
pero se quiebran en la oscuridad de la mañana que viene.
Los espejos decantan sus rostros en todos,
y son nadies a su modo
sin acabar en el psicólogo.
Alimentan la última cicatiz
y los augurios desechables,
del reflejo trastocado
sin puños izquierdos a su favor
Trizadura de imagen, engaño de sombra
sangra
y no existe contraparte





