Era un día gris y frío, una persistente lluvia se dejaba caer de rato en rato, y bueno hace dos días que estos frentes de mal tiempo se habían dejado caer por nuestro Pancho querido, hundiendo como siempre en el barro a nuestro puerto herido, como diría el Gitano, y sumiendo a su gente más pobre en la desesperanza y la angustia.
La ciudad estaba sitiada desde el día anterior, como en los mejores tiempos de la dictadura, y el señor Intendente Regional anunciaba la llegada de 1200 efectivos policiales desde la capital, para frenar según sus palabras a los (Leer más)






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