Te levantaste sin ganas, sabías que la imagen del espejo sería la misma. Cientos de líneas que se perderán en el punto. Ése por el que tantas veces intentaste huir hasta que comprendiste que el espejo también guardaba sus reparos. Como si te dijera, en tono de burla, que siempre mirarás del otro lado. Pero hoy no era un grito, casi un insulto.
Y caes, y pides refugio. Y pones a prueba la capacidad intelectual del espejo. Tu carta guardada está en la literatura latinoamericana. ¿Qué sabe un trozo de vidrio de autores o de las nuevas rutas del socialismo?.
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