Provengo de una rara casta de artistas malditos, hordas que miran con tristeza al ver un orden construido por los menos indicados, poderosos que fueron artistas del hurto, guerra y engaño, con una sonrisa de rejas que sometía a los primeros en reclamar por el derrame de la muerte contaminándolo todo.
Hice de mi autonomía una religión más, una llena de pecados. Provengo de una hoja quemada, de una masturbación llena de ego que salpica recuerdos de rock en la cabeza, como si la palabra de pablo volviera al roquerio que llevo en los ojos cuando sigo el descenso del
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