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LA MONJA QUE NO CUMPLE LOS MANDAMIENTOS, por María Micaela

Enviado por edipos el 09/05/2008 a las 05:06 PM

 

Voy a visitar a una amiga que no veo hace muchos años, ella es una religiosa que conocí en los momentos más tristes de mi vida, fue una mujer que equilibró mi psiquis golpeada por la tortura. De ella aprendí mucho.

Yo trabajaba como cuidadora de enfermos en el convento donde ella vivía (las religiosas están poco tiempo en sus lugares, cada ciertos años, 2 o 3, las trasladan a otras casas) mi amiga era la encargada de la enfermería y por esta razón teníamos un contacto a diario, lo que permitió que nos conociéramos a fondo. Me costó entender lo de su vocación a pesar de que en mi juventud participé en la comunidad cristiana de la “pobla”, en donde el párroco era el padre Ignacio, un cura obrero que vivía la pobreza al máximo.

A mi memoria llegan hermosos momentos en esa comunidad, especialmente los encuentros con el padre Pepo, (tengo entendido que está en La Matriz)con el padre Pancho; un español que fumaba cigarrillos negros y también recuerdo al padre Miguel (Woodward), quien murió en la cubierta de La Esmeralda.

¡Que nostalgia recordar los años que viví!, cuando como jóvenes aprendíamos lo que es el compromiso con nuestros hermanos, lo que es el respeto, la abnegación, la entrega total hacia nuestros pares y qué mejor ejemplo nos daban estos curas obreros que vivirían entre nosotros, los pobres.

Pero volvamos al tema de mi visita, llegué a Limache en una tarde calurosa, el encuentro con la hermana Josefa fue muy afectuoso, nos fundimos en un abrazo fraterno, la encontré convertida en una anciana enferma y medio sorda, me presentó a la Superiora (una española recalcitrantemente fascista) me preguntó si tenía marido e hijos, a lo que la hermana Josefa prestamente respondió por mí: ¡No! Ella es viuda y tiene dos hijos hermosos de alma. La superiora no podía enterarse de que yo estaba separada de mi compañero desde el año ‘73 a causa del golpe de estado, la Superiora no podía enterarse de que mi compañero y yo estábamos comprometidos con la revolución en libertad, que en esos años nuestro país vivía (el compromiso de mi marido para conmigo y mis hijos duró hasta que cruzó la frontera, tiempo después se casaba en Quito).

La hermana Josefa estaba “castigada” por sus pares, no podía recibir visitas, y mucho menos salir a la calle, a mí se me autorizó a visitarla porque trabajé para esa congregación en los albores de los años ‘80. Mi amiga estaba recluida por faltar al séptimo mandamiento “no robarás”, pero la hermana no “robaba” para ella, robaba para los más pobres, a veces desaparecían alimentos que ella entregaba a los más desposeídos. Cuando aún podía salir a la calle aprovechaba de hacer sus visitas y compartir los alimentos sustraídos y ropa que conseguía entre sus amigos de mejor alcurnia.

En lo más recóndito de mi ser estalló un grito silencioso de rebeldía, me negaba a aceptar esta falta de convivencia al interior de la comunidad religiosa, se lo hice saber a la hermanita, pero lo tomó como una prueba del Señor, es que ella es una persona muy bondadosa y acepta con humildad los designios de nuestro Padre Celestial, según ella “son los obstáculos que tiene que sortear para lograr la santidad”.

Nos despedimos con la esperanza de repetir esta visita, nos encaminamos lentamente por el sendero que me llevaría a la salida, atravesamos un campo cubierto de paltos, en un momento mi amiga se perdió entre los árboles mirando furtivamente hacia la casona, esperando que nadie la viera y regresó con algunas paltas, que rápidamente metió en mi bolso y me pidió que no se enterara la hermana portera, yo no entendía, me quedé perpleja ante lo que estaba viendo, así me convertía en cómplice de la hermana Josefa, y en silencio nos encaminamos al portón de salida.

En mi mente tenía una mezcla de ideas: el castigo (injusto para mí), el robo de las paltas, el silencio para con la hermana portera y el “cuerpo del delito” al fondo de mi

bolso, pero rápidamente pensé; los religiosos y religiosas también son humanos.

Después de una triste despedida, el pesado portón se cerró tras de mí.

 

 

 

 

 


QUERIDA

Enviado por MARIVITADI el 12/05/2008 a las 07:52 PM



QUERIDA MAMITA, ESTOY TAN ORGULLOSA DE TU NUEVA FASETA, ESTOY DE ACUERDO CON MI HERMANO... DEBERIAS CONTAR AL MUNDO MÁS DE TUS TANTAS Y MARAVILLOSAS HISTORIAS.

       QUE DIOS TE BENDIGA Y SIGA PERMITIENDOTE CUMPLIR TUS SUEÑOS POSTERGADOS POR TANTO TIEMPO, RECUERDA QUE TE AMO CON TODO MI CORAZON.


la monja que cumple los mandamientos

Enviado por Jorge U el 16/05/2008 a las 05:00 PM

querida Maria Micaela , tengo el orgullo de ser tu compañero de estudio, con eso demostramos que somos capaces de fijarnos nuevas metas en la vida. Tu articulo demuestra un alma sensible y un compromiso con la lucha de nuestro pais, Debes seguir escribiendo, tu articulo mantiene la memoria abierta para que no vuelva jamas a penetrar las negras fuerzas del facismo.  Jorge U. 





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