Todos los días, por necesidades laborales y de estudio, paso por enfrente del Congreso Nacional, ubicado en Avda. P. Montt (nombre que recuerda al ex presidente chileno que ordeno la muerte de 3600 obreros en la Escuela Santa María de Iquique a principio del siglo veinte), en el puerto de Valparaíso, y lo encuentro rodeado por las denominadas “barras papales”, sus imponentes puertas cerradas al público, como un mudo testigo de la democracia “tutelada” que debimos heredar post dictadura.
Y es que nuestra democracia es un chiste de mal gusto para aquellos que con las mejores intenciones combatimos ,a riesgo de nuestras vidas, contra esa dictadura sangrienta que dominó el país desde 1973 a 1990. Se ha consolidado una estructura política que deja mucho que desear y que creo representa muy poco al pueblo que es un mero espectador de cómo se consolidan las fuerzas políticas más reaccionarias y se disputan a sangre y fuego los pequeños espacios de poder que la constitución heredada de la dictadura les permite, y que deja fuera de toda posibilidad a las fuerzas populares de llegar al parlamento por la vía del voto, para poder producir algún tipo de cambio.
El panorama es tan poco auspicioso y tan carente de a lógica, que podemos ver por estos días cómo la jauría política se hace trizas ante los ojos de una sociedad que mira expectante cual será el sino de este experimento democrático.
Se impone por parte de la derecha la teoría “del desalojo” y a las acusaciones constitucionales hay que sumarle la destitución de la Ministra de Educación, lo que nos recuerda otroras tiempos en que el gobierno popular de Salvador Allende fue sitiado por los sectores reaccionarios y no le dejaron gobernar con los resultados por todos conocidos. Pero es tan asquerosa la lucha por el poder entre la derecha y la concertación que parece que el “todo vale”, como en aquellas sangrientas luchas, se ha hecho parte del lenguaje más utilizado por los políticos actuales, de muestra un botón, con motivo de la filmación de algunas escenas de una película en el norte chileno salió un alcalde que en un ataque de patriotismo quiso sabotear las escenas porque se ofendía al país y a su zona, al aparecer en la película el lugar como parte de Bolivia, no sólo ha demostrado este personaje una incultura máxima respecto a lo que es una locación de cine, sino que una memoria frágil ya que esta zona hasta la Guerra de 1879, era territorio precisamente Boliviano y después de la guerra fue anexionado por Chile.
De otra parte cada día que pasa se entronaliza más el Estado policiaco que heredado de la dictadura, le agrada mucho a la Concertación, y que bajo la excusa de la lucha contra la delincuencia se le da cada día más poder a las fuerzas policiales para reprimir a destajo a los sectores más desposeídos.
Mientras las alzas de los productos básicos acogotan cada día más al pueblo chileno y los sueldos y bonos dados por el gobierno son una burla a la pobreza y la necesidad.
Por lo visto debemos prepararnos para seguir siendo meros espectadores de este circo de mentiras y volteretas, hasta que el pueblo decida dar un cambio definitivo a la historia.
Es una manera muy clara de ver como espejo lo que estamos vivindo como sociendad. Realmente te felicito por esta redacción la cual muestra tu pensar ante una sociendad por la cual luchaste y diste todo, para luego ver despues de años de sufrimiento que no cambio mucho y si realmente valio la pena tanto dolor.