PREFACIO
Nuestra
historia gruñe inconsciente
como si no supiera que son sus manos las que se come.
Perdió la sensibilidad en partes de su cuerpo
y en algún rincón del cerebro
se fue separando de ciertas palabras.
Se observó como espectáculo
y se maravilló de sí misma al ver tantas catástrofes,
tantas espadas, bombas, gases, balas y sacadas de corcho
festejando la derrota del más débil
y el triunfo de la raza por sobre la raza,
del acero y la pólvora por sobre la fuerza,
de la codicia incansable
sobre la piedad del humilde.
Vaya forma de morir, exterminados los
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